jueves, 9 de julio de 2015

Por Martha Hurtado



¿Visita de Francisco.. espiritual o política?

Expectativa general causada por la visita del emisario de Jesús en la tierra, Francisco el Papa humilde, sentimientos encontrados para hacer un análisis después de partida hacia Bolivia su segunda parada latinoamericana.

Luego de dos días y medio de permanencia en tierras ecuatorianas, el Papa Francisco continuará su periplo por varios países de América del Sur, no sin antes dejarnos en nuestras retinas enseñanzas de humildad, paz, inclusión, amor y mucha reflexión por los duros momentos que nuestro país atraviesa.

La pregunta que queda suelta en el aire, acaso éste gobierno realizó todo el esfuerzo de traer a su santidad con un doble sentido? Las redes sociales y los comentarios de la gente en la calle se han hecho eco de su malestar y han reaccionado en contra de un aparataje mediático montado para mostrar a la prensa internacional otra cara de la moneda que no es la real.

Un gobierno batiéndose en una lucha encarnizada y mediática contra su pueblo, que como lo dijo su santidad “se ha puesto de pie dignamente”, las redes sociales fueron en primer plano los espacios escogidos por los protestantes de la oposición, la riposta no se hizo esperar de los defensores de una revolución creada para un grupo de simpatizantes que se han favorecido del poder, otro grupo no muy convencido que apoya desde su status quo y otro puñado de personas recogidas y escogidas en los pueblos y provincias más alejados de la capital, transportados por kilómetros de carreteras levantadas y contratadas a exorbitantes sobreprecios, alimentadas con el consabido sanduche y gaseosa, ufanándose de exhibir una camiseta y bandera verde agua con el 35 país, número ya disminuido porque cada vez son menos los adeptos y menos los contratados para formar grupos minúsculos que realizan disque contra marchas, para llenar el ego enfermizo de un gobernante irascible y con voraz apetito de poder.

Las calles no se dejaron esperar para llevar esta contienda a medir fuerzas de convocatoria, donde se ha visto claramente como el bando de oposición sobre pasó infinitamente su número de citados a protestar, cansados de una lista de acciones muy censurables y desaprobadas por la gran mayoría del pueblo, la prepotencia, el despilfarro, la corrupción, la injusticia, loa negociados, el paquete de medidas y leyes aprobadas entre gallos y media noche, hartos ya de discursos sabatinos envenenados de un gobernante falto de coherencia, humildad, serenidad, paciencia, sentido común, sensatez y un trato prudente para con sus opositores.

Y así llegó el Papa Santo, el Papa humilde, el Papa del pueblo, como esa luz al final del túnel, luz y presencia necesaria para apaciguar los ánimos y bajar las tensiones, cual música para los oídos ha expresado sus discursos en los diferentes actos programados, discursos muy para la ocasión entendidos desde la lectura de un pueblo cansado y agobiado de los pésimos gobiernos que han elegido.
Con su voz conciliadora a convocado a ese diálogo tan necesario lleno de madurez, asertividad, inclusión, donde el deponer actitudes adversas son las que permitirán construir mejores días para este Ecuador mega diverso, donde el color de la piel y la forma de pensar no sean barreras para lograr un fin común. Palabras que han calado muy hondo en los corazones de sus fieles, pero no han perdido atención en la realidad del país el momento de tu partida.

Acaso deberemos tomar nuevamente la bandera tricolor y la bandera negra, que se han convertido en íconos de una lucha por demás justificada y que se verá radicalizada ya que este gobierno ha incumplido su invitación a esta tregua espiritual, y aprovechándose de la presencia del Sumo Pontífice se aprobó la enmienda constitucional que le permite la reelección indefinida, pasando así por encima la decisión del pueblo que clama la consulta popular como camino democrático.

Porque no acoger con sabiduría y humildad las palabras de Francisco y todos convocados en un mismo caminar construir los peldaños de esa escalera que nos lleve al progreso, creo que esa es la mejor redistribución de propuestas para generar riqueza y no implementar más impuestos que van en detrimento de un ya golpeado y agobiado pueblo.

El malestar popular continúa, nos seguimos sintiendo defraudados, mentidos y engañados, éste gobierno ha perdido la credibilidad y la confianza, acaso su representante no se da cuenta que con cada palabra rubicunda pierde más adeptos, abre más la brecha para un posible diálogo y solución, que ha ofendido al pueblo de Ecuador al prestar oídos sordos a sus demandas, deslegitimando el derecho a la protesta pacífica.

Se empiezan a encender nuevamente los pasos apresurados de los caminantes hacia una protesta por demás justa, se llenarán nuevamente las avenidas, las plazas, los balcones, se encenderán nuevamente los gritos, las antorchas, se comentará en voz baja la presencia fugaz del Papa de los pobres, con nostalgia infinita releeremos sus discursos, sus prédicas, sus buenos deseos que cayeron en un pueblo adolorido y con el grito que se ahoga en su garganta de impotencia, más a quien fueron dedicados volverá a voltear su rostro lleno de orgullo, de ego, de saña, de irrespeto, de codicia y de los anti valores que lo llevarán a ese límite de convertirse en un repudiable tirano.

Solo nos quedará ese sentimiento ambiguo de sonreír a esa persona caritativa con rostro de avenencia o fruncir el rictus frente al discurso confrontativo, repudiable, rencoroso, irreconciliable que desgarra cada bocanada de quien funge de mandatario de un estado, acaso su presencia y las demostraciones de afecto que desbordaban los diferentes actos fueron un disfraz hipócrita para con su Santidad y la iglesia, deberemos tomarlo como una afrenta a ese valor imprescindible de la fe, donde todos o casi todos nos regocijamos en esa búsqueda interior de paz y amor al prójimo.

El pueblo está alerta, porque así lo quiso su mandante, así promueve su confrontación sin desparpajo alguno, su Santidad no deje de rezar por el pueblo ecuatoriano que lo necesita para no caer en desgracia.

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